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EL MITO DE ARACNÉ
Primer Acto Escena 1 La acción transcurre en un antiguo salón donde hay un gran telar y una silla de mimbre sobre una alfombra con elegantes bordados. Una hermosa joven se encuentra en la sala.
Aracne: (Admirando el telar) –¡Oh! ¡Este me ha quedado aún más bello que los anteriores! ¡Mis manos bordan como los dioses! ¡Qué digo! ¡Mejor que los dioses!
Escena 2 (Entra una segunda tejedora) Sofía: –¡Cuidado, amiga! Aunque tu trabajo es tan hermoso como el de Atenea, debes respetar a los dioses, porque ellos escuchan a través de las paredes. Aracne: –Solo pregúntale a la gente del pueblo. Ellos te confirmarán que mis telares son aún más hermosos que los de la mismísima Atenea. ¡Yo te aseguro que ella no se atrevería a competir conmigo! Sofía: –Calla. Querida, no es bueno desafiar a los dioses. Aracne: (Grita mirando al cielo.) –¡Atenea! ¡Atenea! ¡Si eres tan valiente como dicen, ven y compite con mi talento!
Escena 3 La acción transcurre en el Olimpo.
Afrodita: –¿Has escuchado a esa vanidosa mortal que te desafía a gritos? Atenea: –Creo que ya es tiempo de darle una lección a esa niña mal criada. Zeus: –Tienes toda mi autorización para hacer lo que quieras con esa mortal. Atenea: –Solo deseo darle un buen susto.
Escena 4 La acción vuelve al salón.
Aracne: (Abanicándose y mirándose al espejo.) –¿Ves que tengo razón? Atenea no vendrá, pues me teme. Sofía: –No te teme, está esperando que te desdigas de tus palabras y así evitar darte una lección de la que puedas arrepentirte el resto de tu vida.
Escena 5 Se escucha el chillido de un búho y una música de arpa. Aparece Atenea, altanera y desafiante.
Atenea: –He escuchado los gritos de una mortal que se atreve a desafiar mi talento. Aracne: –Yo soy esa mortal y te aseguro que puedo hacer mejores bordados que cualquier diosa. Atenea (La mira de pies a cabeza despectivamente.) –Comencemos, pues. Cada una toma un telar de espalda al público. Después de un momento, se enciende y apaga la luz para simular un día de competencia. Cuando termina, se nota el cansancio de Aracne y deja ver su tejido con la figura de los dioses mal formados.
Atenea: –¡Pero cómo osas insultar a quienes te reinan y protegen! (Aracne, al ver la furia de Atenea, retrocede un paso.) ¡No eres digna de pertenecer a tu raza! (Le da una bofetada y Aracne intenta huir.) Sofía: –¡Por favor, hermosa e inteligente diosa, ten piedad de ella! ¡No la lastimes! Atenea: –¡Está bien! Pero su osadía no puede quedar sin castigo. (Atenea medita un momento y luego anuncia, mientras Aracne está en el suelo sollozando.) ¡Ya que querías ser la mejor tejedora, te convertirás en una para siempre!-.
Destellos de luces indican el hechizo. Cuando la luz se vuelve a encender aparece Aracne tendida en el suelo convertida en araña. Atenea y Sofía hacen mutis.
1. ¿Por qué “El mito de Aracne” puede considerarse una obra dramática trágica?
2.- ¿Qué función cumple el texto destacado en cursiva y por qué?
3.- ¿Qué función cumplen las frases entre paréntesis y por qué?
4. ¿Qué papel cumplen Zeus y Atenea en la obra?
5. ¿Por qué Atenea castiga a Aracne?
6. ¿Qué hace Sofía para ayudar a Aracne?
7. ¿Crees que Aracne aprendió su lección? ¿Por qué?
El niño enfermo
Personajes: El médico
Señora Totó
El médico: (Con el sombrero en la mano).
Señora, ¿es aquí donde hay un niño enfermo? Señora: –Aquí es, doctor, pase usted. Se trata de mi niño. Figúrese usted, doctor, que el pobrecito mío, sin saber por qué, desde esta mañana no se puede tener en pie, se cae. El médico: –¡Se cae!
Señora: –Sí, doctor, se cae.
El médico: –¿Al suelo? Señora: –Sí, al suelo… El médico: –¡Qué cosa tan extraña! ¿Qué edad tiene el niño? Señora: –Cuatro y medio años. El médico: –¡Qué raro! Porque a esa edad tienen los demonios en el cuerpo. ¿Y cómo le ha dado eso? El niño enfermo
Señora: –Ya le digo que no me lo explico. Anoche estaba divinamente. Corría como un conejo por todo el departamento. Esta mañana lo levanté como de costumbre. Le pongo los calcetines, le meto el pantalón y, al ponerlo de pie, ¡paf!, ¡se cae!
El médico: –Quizás un paso en falso.
Señora: –¡Espere usted!... Al verle caer, me precipito hacia él, le levanto...¡paf!, al suelo. Y así siete y ocho veces seguidas. Abreviando, doctor, que no sé cómo ocurre, pero es el caso que desde esta mañana no se tiene en pie, se cae.
El médico: –Es una cosa muy chocante. ¿Puedo ver al enfermito?
Señora: –Desde luego. (Sale. Después de un rato reaparece llevando en sus brazos al chiquillo. Este enarbola sobre sus mejillas los colores de una magnífica buena salud. Va vestido con un pantalón y una blusa suelta, lleno de churretes de confituras endurecidas).
El médico: –¡Pero si es un chico soberbio! Póngalo de pie, haga el favor. (La madre obedece, el niño se cae).
El médico: –Vuelva a ponerlo de nuevo de pie, se lo ruego. (El mismo juego de antes. El niño vuelve a caerse).
Señora: –¡A ver! (Tercera tentativa de ponerle de pie, seguida inmediatamente por la caída del enfermito, que se cae siempre).
El médico: (Pensativo). –¡Es inaudito! (Al niño, que está en brazos de su madre): Dime, amiguito, ¿tienes yaya en alguna parte? Totó: –No, señor
El médico: –¿No te duele la cabeza?
Totó: –No, señor.
El médico: –¿Has dormido bien esta noche?
Señora: –Sí, señor.
El médico: –¿Tienes apetito? ¿Te comerías ahora de buena gana una tortita? Señora: –Sí, señor. El médico: –Perfectamente. Se trata de una parálisis.
Señora: –¡De la pará...!¡Oh, Dios mío! (Levanta las manos al cielo). El niño se cae.
El médico: –¡Ay, sí señora, sí! Parálisis completa de los miembros inferiores. Además, usted va a ver por sí misma cómo las carnes del enfermito están atacadas de una insensibilidad absoluta. (Hablando así, se acerca al chiquillo y se dispone a llevar a cabo el experimento indicado, pero de repente): ¡Ah, pero es que...! ¡Ah, pero es que...! (Luego, estallando): ¡Ah! Pero, ¡¡ con todos los demonios!! ¿Qué cuento me acaba usted de contar con la dichosa parálisis?
Señora: –¡Pero, doctor!
El médico: –¡Naturalmente que no puede tenerse en pie! ¡Por los clavos de Cristo! ¡Como que le ha metido usted las dos piernas en la misma pernera del pantalón!
José Courteline. Texto tomado de Don Timo. Dirección General de Educación Primaria. Tomo segundo. Edición oficial. Santiago de Chile, 1952.
1. Identifica los personajes y el conflicto protagonizado
2. ¿Se resuelve o no se resuelve el conflicto? ¿Por qué?
Busquen tres semejanzas y tres diferencias entre el texto “El mito de Aracne” y “El niño enfermo”.
Semejanzas:
1
2
3
Diferencias
1
2
3


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